Por Francisco Olmos, Sociólogo.
Introducción
En muchas organizaciones se realizan reuniones de evaluación con la mejor intención, pero al no estar acompañadas de un proceso sistemático y retroalimentación efectiva, terminan convirtiéndose en un espacio que no produce aprendizajes reales ni mejoras sostenibles.
Ejemplo: un taller se evalúa como “exitoso” porque los participantes parecían motivados, pero nadie registró asistencia ni aplicó encuestas, por lo que al año siguiente se repite sin saber qué funcionó realmente.
¿Dónde está el problema?
- Reuniones sin datos cuantitativos ni cualitativos: cuando se opina “al ojo” o desde percepciones personales, no se construyen evidencias sólidas para tomar decisiones.
- Falta de imparcialidad: se tiende a evaluar desde la subjetividad de los actores involucrados, sin incorporar la mirada de terceros o criterios objetivos.
- Ausencia de seguimiento posterior: si las conclusiones no quedan registradas y no existe un plan de acción concreto, lo conversado se pierde en el tiempo.
- Decisiones mal fundamentadas: sin una base evaluativa clara, se repiten errores y no se logra mejorar de manera continua.
La explicación sociológica: teoría de sistemas
Desde la perspectiva de Niklas Luhmann, una organización es un sistema social que funciona a partir de comunicaciones que producen decisiones. La evaluación, en este marco, no es un mero trámite, sino un mecanismo de reducción de complejidad: permite filtrar la gran cantidad de información disponible y seleccionar qué es relevante para orientar la acción futura.
Cuando las reuniones de evaluación no se sistematizan ni generan feedback:
- El sistema organizacional pierde memoria, porque no se generan comunicaciones que sirvan como referencia para nuevas decisiones.
- La organización no aprende, ya que las irritaciones (problemas, críticas, resultados) no se transforman en estructuras comunicativas estables.
- Las decisiones se vuelven contingentes y débiles, al no estar respaldadas por procesos reflexivos, sino por intuiciones momentáneas.
En términos luhmannianos, lo que ocurre es que la evaluación no logra funcionar como un subsistema estabilizador dentro de la organización. En vez de generar una estructura que guíe decisiones futuras, queda en simples conversaciones que se disuelven.
Consejos prácticos
Aunque contar con un servicio profesional de evaluación marca una gran diferencia, existen pasos simples que cualquier organización puede implementar para mejorar sus reuniones de evaluación:
- Registrar acuerdos por escrito
Al finalizar cada reunión, levantar un acta breve con los principales acuerdos, responsables y plazos. Esto ayuda a dar seguimiento. - Definir indicadores básicos
No es necesario algo complejo: puede ser asistencia, satisfacción de los participantes o logro de metas mínimas. Lo importante es medir siempre lo mismo para poder comparar en el tiempo. - Aplicar retroalimentación corta y anónima
Una encuesta online sencilla (por ejemplo con Google Forms) al término de las actividades permite recoger percepciones honestas. - Asignar responsables de seguimiento
Nombrar a una persona encargada de verificar si lo acordado en la reunión se cumplió, evitando que las conclusiones queden en el aire. - Revisar resultados en la siguiente reunión
Comenzar cada nueva reunión repasando los compromisos de la anterior. Eso genera continuidad y credibilidad.
De esta forma, incluso organizaciones pequeñas o con presupuestos limitados pueden dar pasos hacia evaluaciones más efectivas y útiles para la toma de decisiones.
Conclusión
La evaluación no es solo un proceso técnico, sino también un proceso social y comunicativo que permite a la organización aprender, estabilizar sus decisiones y proyectarse hacia el futuro. Sin sistematización ni feedback, las reuniones de evaluación son eventos pasajeros. Con un enfoque sociológico y metodológico, en cambio, se convierten en verdaderos instrumentos de aprendizaje organizacional.
La clave está en formalizar la evaluación como proceso, con instrumentos claros, indicadores definidos y mecanismos de retroalimentación. Esto permite aprender de la experiencia, ajustar las prácticas y fundamentar mejor cada decisión organizacional.
En Métrica y Analítica se concibe la evaluación no como un trámite, sino como una oportunidad estratégica para crecer. Por ello, se pone a disposición de las organizaciones un acompañamiento basado en metodologías claras, datos confiables y una mirada sociológica que permite transformar las reuniones en verdaderos procesos de aprendizaje y toma de decisiones.

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